lunes, 17 de julio de 2017

COYER EL PAN

La recolección del trigo se hacía en el mes de julio, hacia la festividad del Carmen. Se llamaba coyer el pan y se llevaba a cabo por medio de la andecha, es decir con la colaboración de los vecinos. No sólo se coyía por el pueblo, sino también por los colindantes. 

COYENDO EL TRIGO EN ANDAYÓN (LES REGUERES). FOTO DE JOSÉ Mª GONZÁLEZ VILLANUEVA

Para coyer era necesario que calentara mucho el sol, porque así las espigas rabetaben mejor y se conservaba sin humedad hasta el momento de pisarlo. Ya en la tierra se ponían los coyedores por parejas con una macona en medio, un goxu grande y redondo, utilizado sólo para este menester. 

COYENDO PAN EN OTURA (LES REGUERES). FOTO DE JOSÉ Mª GONZÁLEZ VILLANUEVA

En la macona se espetaba un focete para cortar las espigas cuando no rabetaben al tirar con les mesories. Les mesories son dos varas de unos 60 cm de largo, un poco afiladas por la punta, hechas con madera de ablanu, de fresno, de castaño y hasta de palos de escoba. Con ellas se cogía un puñado de espigas y apretando entre los dos palos, se arrancaban las espigas de la paja y se iban echando en la macona. Para evitar cortarse se usaba un dedal de cuero que se ponía en el dedo meñique de la mano izquierda.

Ya nun voy a les andeches
porque me falten mesories;
préstame, neña, les tuyes
y coyeremos a soles
USO DE LES MESORIES PARA COYER PAN. FOTO DE SERIDA (http://www.serida.org)

Se coyía haciendo estayes o rastros y había piquilla entre los coyedores por ver qué pareja ganaba el rastro, es decir, quien llegaba la primera. La que lo conseguía ganaba la palmeta, y también se decía vamos sacavos la punta o vamos comevos la sopa


COYENDO PAN EN SANTA CRUZ DE LLANERA EN 1959. FOTO DE JOSÉ Mª GONZÁLEZ VILLANUEVA


Cuando la macona se llenaba se echaba el trigo en una sábana, generalmente una vieja de las que se filaban en casa y bien atada con 4 nudos. Esto tenía su técnica porque si no podía soltarse, se llevaba para el hórreo. Detrás de los coyedores iban algunas mujeres y niños apelucando, cogiendo las espigas, una a una, que los otros habían dejado.

COYENDO PAN EN OTURA (LES REGUERES). FOTO DE JOSÉ Mª GONZÁLEZ VILLANUEVA

Al término había merienda en la propia tierra y se tomaba bonito, queso, dulce, tortillas, huevos cocidos, ensaladilla rusa, bollinas… 

A pesar de lo duro del trabajo se pasaba bien, pues se reunía mucha gente y había un ambiente festivo.

Ya se va metiendo el sol
ya dan sombra les macones
se entristecen los amos
se alegren los coyedores.

lunes, 26 de junio de 2017

REGUERANOS DEL AÑO 2017

La Junta Directiva de la Asociación Cultural La Piedriquina, tiene el honor de otorgar, por unanimidad, el reconocimiento de REGUERANOS DEL AÑO 2017 a: Xandru González Fernández y Paz González Mesa, de Puerma y a la Ganadería Alvarez y Velasco s.c, de Escamplero.


Para el nombramiento de Xandru González Fernández y Paz González Mesa se ha valorado su filosofía de vida, la recuperación de su casería en Puerma al más puro estilo tradicional, la restauración de su casa y hórreos con el máximo respeto a nuestra cultura, así como su capacidad para poner en práctica la autosuficiencia con sus cultivos, animales, conservas, útiles y prendas de vestir... 


Hemos considerado que son un ejemplo a seguir y que, si hubiese muchos como ellos, no hablaríamos de dejadez ni despoblamiento del campo. ¡Enhorabuena!


Por su parte, entre los méritos valorados para el nombramiento de la Ganadería Alvarez y Velasco s.c, de Escamplero, cabría destacar de forma especial la gestión de la ganadería llevada a cabo por Lucía Velasco Rodríguez, dándose una perfecta sincronía entre Lucía y sus vacas.


Además, se ha tenido en cuenta, de manera especial, que mantengan viva la tradición de la trashumancia a Perlunes, en Somiedo, manteniendo así una costumbre llevada a cabo ininterrumpidamente durante siglos. 


La apuesta por esta forma de vida de los jóvenes Lucia Velasco y Jorge Álvarez es todo un ejemplo a seguir. ¡Enhorabuena!


En Les Regueres nos sentimos muy orgullosos de gente como vosotros cuatro, y el próximo 17 de septiembre, a las 12, desde La Piedriquina, os haremos entrega de la distinción durante la celebración de la fiesta del Cristo de Biedes.

Anteriormente, La Piedriquina había elegido como Regueranos del Año a Amador Menéndez Velázquez (2013), Ana Isabel Díaz Caramés (2014), Los vecinos de Rañeces (2015) y, el año pasado a Luis Parades y Aquilino Caramés. ¡Es un honor que todos vosotros seáis parte de este concejo!

domingo, 7 de mayo de 2017

VICENTE MIRANDA SUÁREZ: "LA VIGILIA GUARDÁBAMOSLA TOL AÑU…"

Artículo publicado en la revista La Piedriquina nº 56 dentro de la serie: “Los cambios en la vida rural” en la que se entrevistaron a personas nacidas en 1917, 1927, 1937, 1947 y 1957, respetando el habla del interlocutor.


Nací en Biedes, n’el barrio de Figuera, el 14 de septiembre de 1926. (Vicente falleció el 23 de marzo de 2015).

Vicente en 2007

Mis padres se llamaban Victoriano Miranda y Carmen Suárez. La casa, Casa Vitorio’l Cura, porque mi padre yera el sacristán de la parroquia, taba nel mesmo sitio que ahora, antes yera baja y ahora ta modificada. Yeren dos habitaciones delantre, un portal y una cuadra y la cocina p’atrás, con un forno. 

Fuimos siete hermanos y criose con nosotros uno del hospicio tamién. Así que, cuando yo vine al mundo, fíjate los que yeramos en casa; además taba tamién una tía soltera, Rosa, hermana mi padre que murió na Braña en Ca’ Baldomero. Dormíamos tres o cuatro en cada cama. Más tarde ya dormíamos n’horro, que primero nun lo teníamos. 

Cuando yo nací atendió a mi madre una mujer de C’Anxilín, que se llamaba Manuela, la güela de Laudelina. ¡Ya no hay naide de C’Anxilín ahora! 

Comíamos sopes de boroña con un poco lleche pa desayunar, a les doce cocido con pataques y berces, un pedazo boroña y un poco lleche si lo había, y pola noche fariñes. Merienda nun había, un pedazo boroña si acaso. El pan y la boroña facínse en casa, la mitá de cada cosa, un día a la semana. Faciase tamién torta en llar, que sabía muy rica, esa yera pequeña, daba pa una vez. En el llar, que llamábamos, había unos ladrillos que caléntabense cola leña, ponínse al rojo, y luego se llimpiaben y se echaba allí la pasta, y se ponía por encima algo pa que cociera, pa que diera calor y al cabo un pedazín sacábase y ya taba cocidina. Munches veces facíase pa facer sopes, que facíen un poco más comida. En su época había fabes de mayu y algún arbejo, el compango escaso, casi too yera aceite o tocín que traíen del mercao, el gochu matabénlo los ricos na más, 2 o 3. 

Al médico díbase poco, casi todo se curaba con remedios caseros, con un poco de apio que se fervía pa la fiebre y tomabánse tacines de apio. El médicu, nun siendo muy grave, poques veces se llamaba, porque había que pagai y nun había. Casi no los había, taba uno en Tresmonte que llamaben Moyano, venía nun caballo blanco y andaba tol concejo, venía tamién uno de Posada que llamaben Saracho, tamién José Ramón, el de Arlós, y luego ya Jaquetti… 

Cuando una mujer daba a luz se le llevaba la visita, esto yera azúcar, chocolate, galletas, vino dulce. 

Los mis padrinos yeren los mis hermanos. Dieronme un bollín de cuernos de perrona, que compraben al panadero que ya venía por ahí. A la mi hermana Nieves dabai el bollo el padrín, que yera el marido de Facunda y dabai un bollín de Pascua, que cocía’n forno la leña y metíai un güevo. 

La ropa de los críos diba pasando de unos pa otros. Comprábase sólo cuando facía muncha falta ya. Les alparagates taben rotes casi siempre, andábamos medio descalzos porque rompín polos caminos. Dábanos muncha ropa la güela de Purina, la de D. León.

En mi casa yéramos tantos que con tal que marcháramos de casa pa nun comer, naide preguntaba por nosotros. Andábamos a los ñeros. Mandábennos a por agua a La Fontona, que yera la fuente que suministraba a tol pueblu. Al molín díbamos los críos en burru. Poninte la molienda y aparexabenla bien y un chiquillo poníase en burru y díbamos a La Estaca o a Miobra, fuimos mucho a Ca’ Guerra. Llevabes hoy la molienda y mañana dibes por ella, porque aquel molín corría poco y había muncho que moler. 

A la escuela llevábamos un Silabario, yera un libro col que empezábamos a leer, y sabíamoslo por deducción porque empezábamos: ma, me mi, mo, mu. Y así yera todo, sacábamoslo por deducción. Tamién llevábamos una pizarra, un pizarrín, que díbamos por ahí a la cantera a coger les piedres que marcaren. Nun teníamos mochila, facinnos en casa una bolsuca de tela pa llevar les coses. Había clase tolos días, menos el domingo, pero asistíamos poco a la clase, no nus mandaban porque había que trabayar. Cuando díbamos yera cuando llovía o taba mal tiempo que nun taba pa facer otra cosa. Cuando facía bueno había que dir andar delantre, había que llindar, dir a recaos; la escuela quedaba, nun yera muy importante. Había que segar a focete todo, alcacer y alfafa y nabos, todo con el focete, y había que pañalo bien, nun quedaba ni esto. En marzo empezaba a segase el trébol o trebolina, que venía más tarde. Pol invierno y la primavera picabase el segao con paya nuna cortadera de rueda grande, había que tirar de ella, esto llámabase el picao. Luego algunes pusieron-i-os motor, pero la luz llegó aquí n’el año 42, así que ¿ande taba la luz?. Alumbrábamonos con un candil de esquisto que daba una fumareda… con una vela, con carburo… 

En noviembre semábase el trigo y coyíase el maíz. Díbamos a esfoyar poles cases, facíamos una comuña, un día nuna, otro n’otra y así. En terminando jugabase a les prendes, a la suela, por allí ente la fueya, con poca luz, nun teníamos casi luz. El hombre que facía la riestra elegía a la moza pa que le apurriera les panoyes. Les moces taben allí esperando que les sacaren, como si les sacaren a bailar. El hombre venía con unes panoyines en la mano y decíai: - Oye, ¿apúrresme una riestra? Había alguna que nun quería. 

Cantaben Pura y Lala el Maestro, Pura Güeyu, Caridá, Chucha, Amor y Pacita Anxilín, Milia y María José Santa y la mi hermana Jamina. Cantaben cualquier cosa, taben esfoyando y cantando, tocaben algo la pandereta, y Rosa Leto tocaba l’acurdión, pásabase bien. Había otro en casa Lín, Vicente, que tamién sabía tocar l’acurdión. El día que había acurdión había buena esfueya, corriáse la voz: - Vamos a la esfueya que hay acurdión, que hay baile…

Yo no voy a les esfueyes
que me tiren panoyades,
más valía que me tiraren
castañes amagostades.

La temporada de la esfueya duraba casi un mes. En cada casa había esfueya pa 5 o 6 veces, o más. Había que coyer 5 ó 6 carros de maíz, uno pa cada noche. Más tarde veníen mozos de Miobra y Agüera cuando estaban Amparo Miranda y Laudelina.

Les castañes pañabanse tamién pola seronda, entre noviembre y diciembre. Había que dir a tirar les castañes con unes pértigues llarges, díbamos comprales a Grao. Entós había que subir a les castañales y empezar a tirar aricios, igual que si fuesen manzanes, pegabasei-os con la vara y caíen; alguno que taba duro había que dir buscalo cola vara. Abajo taba uno pa indicate: –allí hay uno. Porque facía muncha falta la castaña, nun se podía dejar ninguno. Llevábase el carro y se traía un carradín y echabeslo na corra, después otro, cuando ya se terminaba empezaben a esbillales, se cogíen con unes morgaces pa esbillales. Escogínse, las que taben húmedes poninse al sol. Diben vendeles a Grao normalmente. Había embarque, no sé pa onde les llevaben p’algún lao, veníen y decín hay que llevar les castañes que hay embarque y llevábense tonelades de elles. Había munches cases que llevaben el carro con elles, había muncho mercadeo.

En tiempo les castañes comíamos siempre castañes. Poníase un pote de pates lleno de pulguines y comíamos todos de allí, y con un poco leche, ya tabamos listos. 

En diciembre y enero había que rozar y limpiar los praos, hasta febrero nun se trabayaba la tierra. En febrero ya se empezaba a arar con un arao de madera, y ése araba p’abajo, siempre echaba la tierra p’abajo. Luego había que dir col carro, o con la corza o el rastru, y la tierra que taba p’abajo, había qu’echala p’arriba, porque la tierra corríase y p’arriba siempre quedaba pobre, diba toda p’abajo. Entós empezabase a trabayar muy a tiempo. A esto llámabase sacar vera. Lo primero que se semaba yeren los güertinos. El cebollín ya se plantaba en marzo, porque facíase una era en octubre y en marzo ya taba pa plantar, o abril. Y les pataques tamién en marzo o abril. La tierra daba poco porque taba sin abonar, como había poco ganao, había poco cucho, y algunos echaben cal. Antiguamente había muncho calero, pero el cal yera costoso, y no había con que pagar, había que facer les coses caseres. Había que arreglase pa todo colo de casa. En abril y mayo semábase el maíz y les fabes, luego había que sallar y después arrendar. En una tierra juntabense tolos de casa a sallar, porque trabayabase muncha tierra. Todos cola fesoria, no era sallar coles vaques y salladora, no, eso no existía, sembradora tampoco, todo era a mano. Col llabiegu se diba haciendo un riego y otra persona diba detrás semando, al venir volvies tapalo, un riego sí y otro no, porque yeren estrechos, pa que nun naciera muncho, y luego cuando ya terminabas semabense les fabes por riba, a voleo, y se pasaba la gradia. Semabase más bien faba común, faba larga había poca.

Por San Juan empezábase a segar la yerba y terminábamos a mediaos de julio, todo a gadaño. Había veces que diben segar pa un prao 12 o 14, todos de andecha. Díbamos amanecer en prao, a veces había que esperar un poco porque nun se veía, a les 5 de la mañana más o menos. A eso les 9 llegaben cola cesta la comida, que tábamos mirando pal camín cola boca abierta a ver cuando llegaba… Había que madrugar muncho, pero segábase bien porque pola mañana temprano taba un poco orbayao y no había calor, pero después de desayunar ya se segaba muy mal pol calor. Cuando la yerba dábase muy buena comida, reservabase lo mejor. Si se mataba un gochu, el jamón yera pa la yerba, chorizos, tortilla, yera la época en que se comía bien en tol año. Después de segar había que esbarayar, después dai vuelta, cuando taba curao se axuntaba pa facer bálagos, luego cargala en carro y llevala pa casa pa facer vares o pal payar. Pa facer una vara bastaben dos, uno arriba y otro abajo, en teniendo la yerba allí, uno diba pisando y otro faciendo la vara, rematabase co la rodiella de yerba larga y estrechina pa amarrala muy bien a la baranda, de forma que el agua nun pudiera calistrar, porque si entra el agua pudre la yerba por allí. Había que tener muncho cuidado col remate, la rodiella tenía que dar bien prieta y calcala bien pa que el agua, cuando viniera, se estrellara allí. Poníanse tamién unos alambres con piedras pa que cuando viniera el viento nun levantara la yerba, y algunes veces en el alto poníase una latuca pa que el agua nun viniera al palo, una lata aceite o algo así. Porque la vara tando bien fecha ye como un paraguas, ahora si tá mal hecha y queden-i pozos, por allí entra el agua y podrez, llamábamos nosotros dejar fuentes a la vara. 

Cuando se acababa la yerba llegaba la hora de coyer el trigo. A los críos mandábennos a tocar unes lates a la tierra’l trigo pa espantar los páxaros, ¡aquello era un aburrimiento!, había bandadas de miles de gorriones, pero en acostumbrándose al ruido, nun valía pa nada.
Coyendo trigo varies parejes. Foto José Mª González Villanueva, julio 1960

El trigo coyíase casi siempre de andecha. Decíen vamos llamar 12 goxos, 12 goxos yeren 12 parejes, coyía uno de cada lao, y detrás iba alguno apelucando alguna espiga que caía atrás, yera el pelucón. Pa coyer llevábamos unos palos que se llamaben mesories con un dedal de cuero, porque la paja cortaba la mano. El día la andecha yera una merienda tremenda, díbamos a la andecha casi pola merienda. Les andeches costaben dinero. Casi siempre se llevaba bonito pa merendar, y tortillas, chorizos, queso. Les meriendes yeren buenes. Yera casi como una fiesta, yeren 20 o 25, unos cantaben, bailaben, y de todo. Donde había una andecha muy grande siempre yera en Baselde, juntábamonos 30 o 40 coyedores, todo pa un día. En Miobra en casa Modesta coyinlo todo n’un día, siempre llamaben. Otros no querían la andecha, querían más dir faciéndolo ellos con una muyer o dos que traían. P’algunes cases veníen les paches, yeren muyeres de pueblos de arriba de Grao o Candamo, que se dedicaban a venir a coyer trigo pa quien les contratara, pa ello se iba a Grao, y allí por junto a la plaza, había unes cuantes muyeres que se contrataban. El paisano que tenía mucho trigo, cogía una o dos. Yeran muy exigentes, había que darles 5 comidas, por la mañana, el bocao, que yera un poco pan con anís, después la parva a la hora o así, a eso les 10 el desayuno y a les 12 la comida, a la tarde la merienda y luego de noche la cena, y de la que veníen cominlo todo, pero a medida que pasaben 4 o 5 días ya no querín la parva, en tando fartuques, bastabayos poco.

Manales pa pisar el trigo

El trigo pisábase aquí junto a casa, en un sitio que llamábamos la era, en el prao. Tenía que ser un sitio llano, que fuera buen prao porque allí había que pisalo col manal. Tenía que ser fuerte pa que nun diera tierra. Junto a Ca’l Maestro había una que yera de tol pueblo. Junto a nuestra casa yera una era buena y veníen vecinos a pisar porque además taba alto y yera muy buen sitio pa echar al aire el trigo con un vañu, porque nun había máquines tovía. Por término medio se coyían 7 ú 8 faniegues, el fuerte coyía 12 o 14. Tres o cuatro en cada pueblo, aquí fuerte yera en Casa Xugal, en Casa Nonito... Díbamos pisar 8 ó 10 hombres, 2 manales de cada lao, había que saber pisar pa nun coger los manales. Díbamos machacando siempre en mismo sitio, pisábamos un cacho y avanzábamos p’allá, y luego otra vez p’atrás, y así hasta que decíen: -ya ta, ya soltó l granu. Entós ya veníen les muyeres y lo echaben al aire, echábase en sacos, y al horru, donde se guardaba en arcas que facíen 6 o 7 sacos, tovía queda alguna por ahí, tienen muncho valor eses arcas. Yeren de una madera gorda de castañu, les cases riques teníen mucho trigo. Luego pa dir al molín ya cogín una medida, un copín, que fai 7 Kg. Llevaben unos 3 copinos de cada vez.

Máquina de desergar de Ca’l Ferreru Andayón, 1940 

Pol tiempo les cereces había que dir al mercao un día sí y otro no mientres duraben. Había muches cerezales en les cases, algunes teníen más de 12. En Miobra, Recastañoso y Arroxes había cereces a punta pala. Pa Biedes, había menos, dánse peor. Pero antes de la cereza venía la fresa, que tamién se plantaba pa vender. Manzanes ya se vendíen menos, porque la mayoría yeren pa sidra, vendínse a los lagareros na más, o pisábense en casa. 

Nosotros facíamos sidra a veces, teníamos algo de manzana y comprábase otro poco y llevábamoslo a pisar a Ca’l Caseru, a Parades. Traíamos 6 sacos y un saco ya se sabía lo que daba, pisábamoslo junto con lo de otros, así sabía mejor. Había un llagar grandón, que facía muncho. Luego llevábamos una barriquina, a tenor de lo que traíamos. Cuando venía Manuel de Bernaldo que yera muy simpático, yera como una fiesta. Manuel del Caseru facía mucha sidra y si alguien quería una barriquina, vendíala él. 

Por Antroxu disfrazábamonos y facíen los frisuelos, esi día comíase mucho. Por Navidá ya se facía una comida buena por Nochebuena, yera sólo esi día. La Cuaresma guárdabase mucho, aunque tábamos tol añu de vigilia, nun había carne. Pero lo de la Cuaresma yera riguroso. Traíen algo de bacalao pa comer. Algún rico compraba bula, los más d’ellos no compraben nada, no-i-os facía falta. 

Antes casi tol mundo moría en casa, al hospital nun diba casi naide, nun siendo muy grave. No se poníen esqueles, avisábase pola campana. Iben dos paisanos a buscar la caja col burro a Oviedo y facía más mala carga que el caray, había que ponela a la llarga, porque si la ponís atravesada tomaba tola la carretera. Había que aparejar muy bien y torcíase. Entre ir a Oviedo y venir cola caja y tomar algo echaben el día. Otros dos paisanos iban a llamar curas, no había en qué, uno a Santa Cruz, otro a Santullano, otro a Tresmonte y Soto. Otros diben a avisar a algún familiar que vivía lejos. Venía la gente a la casa’l muerto al velorio y se convidaba a los paisanos con una copina de anís. Venía el cura a rezar el rosario, y mi padre, que yera el sacristán de Biedes, iba mucho tamién. El cadáver llevabase a hombros desde la casa hasta la iglesia y el cementerio. ¡Cuántes veces me tocó a mí ayudar a subir dalguno desde L’Astaca!. Había relevos pa llevalo. Se llevaba un hacha de cera que después del entierro se quedaba en la iglesia. El día del entierro después de terminar, los familiares iban a casa al queso y al vino, se decía. El luto de una viuda yera pa siempre, polos hermanos guardábase un año largo, polos padres 2 o 3 años. Les viudes quedaben sin ningún amparo, no había pensiones ni nada.

Los chavales salíamos cuando ya yéramos mozos, antes tardábase más en salir que ahora. N’aquel tiempo hasta que un mozo nun venía de la mili, yera neñu. Díbase a les romeríes: a San Juan de Tresmonte, al Carme de Tamargo, a los Mártires de Mariñes, a la fiesta Santullano, a Andayón, al Carme Bonielles, a San Pedro en Agüera San Cucao, a Cañe, ahí donde el palacio Cañe había una capilla y facíen allí una fiestina, Santa Apolonia, a La Granda. Dejabente marchar pronto pero al oscurecer había que tar en casa. 

Por San Juan facíen muches travesuras, porque decín que San Juan yera travieso, tiraben portilles, llevaben carros, y si non acababes de sallar, allí na tierra poninte un santo que llamaben la muyerona. Había algún paisano que se enfadaba y poníase desesperado. Casi siempre y lo poníen a Manuel de Antón, que no acababa nunca, y poníase desesperao y a alguno más. 

Si el ganao se ponía malo llamábase a Genaro la Braña, sabía algo tamién Ramonito, el vecín y sabía algo tamién Ramón de Xuan, el vecín tamién, pero el que más sabía yera Genaro. Esos vaqueros como diben al puerto yeren curiosos pal ganao. Curaban con cocimientos de malves, unes piques de fueyes de nozal, unes corteces de carbayu, unos 4 litros de agua y luego dibes sacando y dando un litro de cada vez a la vaca. Mejoraben cuando podíen, ¿ande taba la farmacia? Yera todo casero. Cuando les vaques entelaben, alguno sabía pinchales. Por marzo cuando venía el trébol tan tiernu, las vaques taben mal de tol añu pasalo mal, y poníanse a comer y entelaben. Moríen la mayoría. Entós corríase la voz que enteló una vaca que murió y hay que dir comprar carne, y díbamos todos a comprar p’ayudar. Tolos díes tábamos con eso. 

A les estaferies díbamos una tarde cada semana. Había un encargao en cada pueblo y decía: 

- Tal día hay que ir col carru y les vaques y hay que dir buscar un carru piedra a tal sitio pa traelo p’aquí. 

Diba tol mundo allí con una foceta a cortar unos escayos, facer una cuneta, arrallar la llamuerga…

Les bodes comínse en casa, había que dir poles cases buscando cacía, porque a lo mejor había 18 o 20 invitaos. La casa la novia ponía la comida y el novio ponía el vino. Buscabase alguien que cocinara bien, pa C’Anxilín fue Dª Cecilia, la muyer del maestro. Pa la mi hermana vino Milia, la de José Santa, y una prima que teníamos en Sama. Les moces teníen ajuar que facíen elles mismes, después que salín de la escuela mandábenles a aprender a coser. Por aquí diben munches con María Roque.

Semadora de grano fecha en Cal Ferreru de Tuernes para Pachu Carmela de Parades. Foto Chema Martínez

Tocome trabayar todo a mano, después vino un poco de mejora cola sembradora, y al sembrar riegos vino la salladora pa sallar coles vaques, pero los vieyos no queríen porque les vaques pisaben el maíz. Después vino la máquina de segar con vaques, les máquines de pisar el trigo con un motor y una aventadora, y años más tarde vinieron los tractores. El cambio fue pasar de la oscuridad a plena luz del día. Siguieron les catadores, les llindiadores… 

Pagar pa la jubilación fue muy costoso. Primero pagábase un duro, yera sólo para la vejez, no había seguridad social ni nada, porque la primera jubilación no costó nada, se la dieron a les persones de 65 años y cobraben 125 pesetes al mes, éses no pagaron nada. Pero empezó a subir. La Seguridad Social aprobose en el año 66, pero no empezó a funcionar hasta el 75. Eso sí fue un gran adelanto. 

Todo fue mejorando mucho porque antes había que dir andando a trabayar a Trubia o a San Claudio. Manuel de Figo fue muchos años andando hasta San Claudio, coles madreñas colgando encima’l hombro, después últimamente ya diba en burro. Un poco más tarde vinieron les bicicletas, en aquel tiempo una bicicleta valdría 400 pesetes. Y una vaca valía poco, acuérdome yo de vaques buenes a 600 pesetes y alguna que tenía Carreño muy buena valía 1000 pesetes. En el año 39 una vaca de carne valía 600 - 750 pesetes. Yo fui trabayar al salto de San Pedro Nora y pagaben de jornal 12,50 pesetes cada día. Y había que arreglase con eso, y sino llevabes la comida y tenías que comer allí, costaba 5 pesetes una comida ruina. La vida taba muy pobre. Un mozo si compraba un trajín gastaba tolo que ganaba.

Hice la comunión en el año 1935 con un chaval de Mariñes, de la casa que es hoy de Valdés, allí había otros señores viviendo. Éramos lo menos 14 o 16 aquel año. Había que saber bien la doctrina, habíalos que comulgaron de 15 años porque nun sabíen nada. 

A misa antes diba tol mundo, los domingos díbamos tolos chavales y allí formábamos la tertulia pa dir de tarde a algún sitio, al baile La Granda pol invierno, a La Venta a La Pistola, a San Cucao que había un bailuco allí donde Casa Ángel, que taba medio cayendo, teníamos que pagar una peseta pa entrar, tocaba una pianola de rabil; cuando aquel terminó díbamos a Casa Bienvenido, allí había un salón bueno, pero ya cobraban 3 pesetes, había cine pola noche. Antes divertíamonos sin dinero, naide lo tenía, ¿quién te lo daba?

Pa la matanza venía Francisco Miranda, después seguí yo. Acuérdome que antes casi nun mataba naide más que en Ca’l Maestro, y decían Pura y Lala que casi nun probaben elles el adobu, porque llevaben un poco a todo Biedes y a todo Xugal. Eso nun podía ser.

domingo, 23 de abril de 2017

PRESENTACIÓN EN LLANERA DEL ANUARIO X DE LA PIEDRIQUINA

El pasado viernes 21 de abril, presentamos nuestro décimo anuario en Lugo de Llanera, en la Casa Municipal de Cultura.


En el evento intervinieron los autores Chema Martínez, Rosa Mª Rodríguez, Miguel Suárez y Alfredo Rodríguez Iglesias y, para presentar el acto, invitamos a participar a Mª Asunción Arias.


La Casa de Cultura se llenó de público interesado en los artículos de esta décima edición del Anuario de La Piedriquina, lo que nos hizo muchísima ilusión.


Llanera ocupa un papel importante en el Anuario nº 10 de La Piedriquina, con dos artículos muy interesantes.


Uno de ellos es el de Chema Martínez, habitual colaborador de La Piedriquina. Su artículo esta vez corresponde a la segunda entrega de los Bares - Tienda del Concejo, centrado en los pueblos de Cayés, Lugo y Pruvia. 


Su exposición sobre el estudio que ya inició en el anuario anterior, y al que aún le falta una tercera entrega que, esperamos, verá la luz el año que viene, estuvo cargado de anécdotas y datos interesantes que nos animaron a todos a seguir descubriendo el tema a través de sus escritos.


El otro artículo sobre Llanera es el de Alfredo Rodríguez Iglesias, que trata sobre la explotación de arcilla en la parroquia de Santa Cruz de Llanera y el autor supo cautivar al público con sus interesantes explicaciones. 


Por otra parte, fue toda una suerte que Miguel Suárez pudiese presentar en persona su artículo sobre los recientes hallazgos en la Cueva de Las Mestas, en Les Regueres. ¡Un grandísimo descubrimiento que revaloriza enormemente la revista de este año! 

Agradecemos mucho al Ayuntamiento de Llanera que nos haya brindado una oportunidad tan especial para presentar éstos y el resto de artículos en un escenario como la Casa de Cultura de Lugo y también a los asistentes y seguidores de La Piedriquina que tanto nos habéis apoyado. ¡Gracias!

lunes, 10 de abril de 2017

PRESENTACIÓN EN OVIEDO DEL ANUARIO X DE LA PIEDRIQUINA

El pasado jueves 6 de abril presentamos nuestro décimo anuario en  Oviedo, en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España. 


Para nosotros se trataba de un evento muy especial porque no era solo un anuario más que veía la luz, cosa que, de por sí, ya merecería la pena, si no que también significaba haber alcanzado una década con esta publicación que tanto nos enorgullece y así lo mostrábamos en este video:

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En el evento intervinieron los autores: Esther Martínez Álvarez, Feliciano Suárez, Florentino González Fernández y Rosa Mª Rodríguez Fernández.


Además, el gaitero Alfonso Fernández Álvarez (Fonsu Les Regueres), junto con Elías, Carlota, Adrián y otros miembros del Taller de Baile Tradicional de Biedes, impartido por la Asociación de bail.le y música tradicional "La Xordia", posieron música a romances y canciones recogidas en Les Regueres.


Gracias a todos los que nos habéis acompañado en la Presentación del Anuario X de La Piedriquina, gracias a La Nueva España por cedernos el Salón de su Club de Prensa para el evento, gracias a los miembros de la Asociación de bail.le y música tradicional "La Xordia" por vuestra colaboración tan guapa y especial y, cómo no, gracias a los autores de este anuario por el lujazo de trabajos que habéis hecho.

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Para los que os hayáis quedado con ganas de repetir y para los que no hayáis podido estar con nosotros en la presentación de Oviedo, os anunciamos que habrá una presentación más de nuestro anuario número 10. Será en la Casa de Cultura de Lugo de Llanera, el próximo viernes 21 de abril, a las 7 de la tarde.


Ese día intervendrán los autores: Miguel Suárez, Rosa Mª Rodríguez, Alfredo Rodríguez Iglesias y Chema Martinez en un evento presentado por Maria Asunción Arias Fernandez. ¡Os esperamos!

miércoles, 22 de marzo de 2017

ANUARIO X DE LA PIEDRIQUINA

Nos hace mucha ilusión presentaros el nuevo anuario de La Piedriquina. No es solo un número más... Para nosotros, éste es un número especial: el décimo, una cifra redonda a la que hemos llegado gracias al apoyo de todos los que nos seguís, gracias a la ayuda de nuestros patrocinadores, así como a la genialidad de los autores y colaboradores. ¡Sin vosotros, este número 10 no existiría!


Esperamos que lo disfrutéis tanto como lo hemos hecho nosotros durante su preparación. Además de interesantes publicaciones, va cargado de emociones, así que, ojalá que os guste.

Su sumario es:
  • La cueva de Las Mestas (Las Regueras): aportaciones para un necesario debate, de Miguel Ángel Suárez Suárez y Laura Arango del Campo
  • Hórreos y paneras de la parroquia de Trasmonte, de Florentino González Fernández
  • La Fábrica de Talavera de Premió. Una realidad ilustrada en el concejo de Las Regueras a fines del siglo XVIII, de Francisco Crabiffosse Cuesta
  • Luz eléctrica en Les Regueres: La Turbina de Ania y la Noria de Paladín, de José Luis Martínez Quintana
  • Bares -Tienda en Llanera 2ª parte: Cayés Lugo y Pruvia, de Chema Martínez
  • Aportaciones a la toponimia de Les Regueres VII: Toponimia de Cogollu, parroquia de Tresmonte -II, de Feliciano Suárez Fernández
  • Romances y canciones, de Esther Martínez Álvarez
  • La explotación de la arcilla en la parroquia de Santa Cruz de Anduerga (Llanera), de Alfredo Rodríguez Iglesias
  • En torno a la capilla de la Consolación en Corvera, de Julio García-Maribona Rodríguez-Maribona
  • La fiesta de Andayón de 1960 a través de la cámara de José Mª González Villanueva
  • De Valencia a Premió: Francisco Pérez Puchal, de Francisco Pérez Puchal Osoro
  • Aurelio Pérez Campano, maestro de Soto y corresponsal de prensa de Les Regueres de 1924 a 1931, de Rosa Mª Rodríguez Fernández
No os perdáis su presentación oficial el próximo 6 de abril, a las 19 horas, en el Club de Prensa Asturiana de La Nueva España, en Oviedo. ¡Un número tan especial tendrá una presentación también muy especial, así que esperamos que nos acompañéis!

Intervendrán en el acto: Esther Martinez Alvarez, Feliciano Suárez, Florentino González Fernández y Rosa Rodríguez La Piedriquina y, además, el gaitero Alfonso Fernández Álvarez (Fonsu Les Regueres), junto con los miembros del Taller de Baile Tradicional de Biedes, impartido por laAsociación de bail.le y música tradicional "La Xordia", pondrán música a un romance y unas canciones recogidas en Les Regueres. ¡Os esperamos!

https://www.facebook.com/revistalapiedriquina/videos/1373891242676937/

martes, 21 de febrero de 2017

21 DE FEBRERO DE 1937, EL DÍA DE LA GRAN OFENSIVA REPUBLICANA

Hace hoy 80 años fue el día de la gran ofensiva republicana. Ese 21 de febrero la sangre de 799 personas regó La Trecha y otras 149 dejaron su vida en Otero.


"La noche se presentaba fría, oscura. La lluvia no daba tregua. Escondidos bajo sus capotes, cubiertos por mantas y toallas, ocultos detrás de los parapetos o en los túneles del ferrocarril, calados hasta los huesos y ateridos por el intenso frío en el fondo de sus trincheras, presos de la ansiedad y el nerviosismo, miles de oídos escrutaban el silencio de la noche. A las 05:00, provenientes del oeste, cuatro marcados cañonazos rompieron la quietud..." 

(Extracto del artículo de Florentino González Fernández "La ofensiva de febrero en Les Regueres", publicado en el ANUARIO nº 7 de La Piedriquina, en 2014).


Ojalá nunca se repita algo así...